viernes, 22 de junio de 2012

SER MAESTRO ES DAR TIEMPO Y LUZ



      Ha terminado el curso escolar 2011-2012, hoy acudo a la fiesta de fin de curso de mis nietos de 4 y 5 años; comienzan las vacaciones de alumnos y profesores (prefiero la palabra maestros), unos maestros que han sido tildado de vagos y casi de maleantes por defender una sociedad del conocimiento y del aprendizaje, con una escuela publica y para todos, el Magisterio está siendo atacado por una parte de la comunidad, por los políticos con sus recortes en educación, en investigación, en becas para el estudio, por unos padres que malinterpretan el concepto de libertad y autoridad, por unos hijos que, siguiendo la imagen de sus padres, le han perdido el respeto al maestro y finalmente por unos maestros que viéndose desamparados están desmotivados, la escuela nunca debe de ser un lugar de enfrentamiento, ahí están nuestros hijos y nietos, el futuro de cualquier país, debemos tratarlo con mimo y ¡¡no, no lo estamos haciendo!!.  
        
         Dentro de un par de meses comenzará el curso 2012-2013 muchas cosas van a cambiar, las más evidentes: menos profesores y más alumnos por aula, seguro que dentro de unos años nos arrepentiremos de esos cambios.  Es en estos momento difíciles cuando  hay que recordar  las palabras de una gran educadora como fue María Zambrano que nos decía: “ser maestra es dar tiempo y luz para que cada cual pueda hacerse esa pregunta que lleva dentro agazapada en su interior y que ni siquiera sabía que la tenía. Yo me he preparado especialmente para cuidar la relación, abierta a lo que pueda suceder aquí y ahora.”
                                                                                  Emilio Manuel M.

martes, 19 de junio de 2012

EL AMANTE LESBIANO


        Hace un par de meses, saltando de blog en blog, pude ver uno que informaba sobre la realización de actividades colectivas relacionadas con la lectura de textos, la casualidad hizo que estuviera ubicado en la biblioteca de un pueblo muy cercano a casa, me animé, lo visité y me quedé.

         Estaban ya metidos en faena leyendo "El Amante lesbiano” de José Luis Sampedro, así que en una semana me he puesto las pilas y he leído el libro de un autor,  para mí, referente de todo lo que dice sobre la crisis en la que estamos metidos y sobre su visión del mundo en general; hombre que, a sus más de 90 años, habla con la claridad de un joven de 20 y tras leer este libro diría que con una imaginación sexual desbordante.

        "El Amante lesbiano” no es un libro para llevarse a leer a la playa, ni para leerlo a golpe de vista, es para leerlo tranquilo, paladeando sus descripciones, emana sexualidad por todas las páginas y todo ello a pesar de que  en él se habla de homosexualidad, de lesbianismo, de travestismo, de seres andróginos, del poder de dominación y de  sumisión, de sadomasoquismo, de hipocresía, también se habla de amor, sobre todo de pasión, de una pasión que devora a Mario que con el paso del tiempo, que es un no tiempo (no me he vuelto loco), se trasforma en Miriam “una mujer muy hombre”,  su pareja: amante, dominadora, educadora, su nombre, Farida, una mujer a la que conoce desde niño; ella le ayuda, en esa transformación, a ser lo que desde siempre quiso ser: “Un amante lesbiano, adorante, sumiso y activo”, en tanto que Farida en sus relaciones con Miriam dice “…¡Lesbiana violando a un hombre, que morbo!...”. Todo esto se desarrolla en un espacio imaginario llamado “las Afueras”  “el lugar en el que florecemos los disidentes del mundo reprimido” o “ el lugar donde vivimos los otros”.

         El libro de Sampedro parte de un criterio, la libertad, en el epígrafe se recoge unas palabras de San Agustín que dicen: “Ama y haz lo que quieras” a esta libertad de actuar en las relaciones personales, de afecto y cariño, sobre la religión nos dice: “nuestra sociedad está dominada por una mitología religiosa cuyos libros, declarados sagrados e infalibles, imponen una moral enemiga del placer carnal y tan antinatural que valora la castidad como más perfecta que el sexo dado a los humanos para su creador. Una moral que declara contra natura, aberrantes y perversas, las modalidades del placer no encaminadas a la procreación, aunque esas variantes sean espontáneas manifestaciones de la vida”.

         Dicen que un segundo antes de morir, nuestra vida es vista en ese corto espacio de tiempo, solo que  ya no tenemos tiempo de enmendarlo.       
  Emilio M. Martín.

sábado, 16 de junio de 2012

OPTIMISTA ANTROPOLÓGICO

                  No es la primera ni será la última que escucho lo de “optimista antropológico”, hace unos días (5 de junio) Iñaki Gabilondo en la entrada de su blog hablaba que, "los “optimistas antropológicos”, creían en una verdadera Unión Europea  cuando se creó la moneda del Euro y que a partir de ahí todo sería coser y cantar".

          Nos han rescatado y en el gobierno, en el que no hay ningún a antropólogo, solo veo optimismo, tanto que me pregunto ¿porque no pedimos que nos rescataran antes?, los españoles nos hubiéramos evitamos muchos de los  miedos que hemos pasado, ante este optimismo desaforado ¿podemos considerar a nuestro gobierno como un "optimista antropológico"?

       La figura del Antropólogo viene desde el momento que un hombre se hace preguntas del tipo “de donde vengo” o “a donde voy”; es en el siglo XIX cuando nace la figura del Antropólogo como un ser viajero con el afán de descubrir nuevos territorios, nuevas culturas y seres humanos que nunca habían visto a otro ser humano, ¿es esto ser optimista?.

         En la actualidad el antropólogo en un científico relacionado con el humanismo social que emite su hipótesis y realiza los análisis para comprobar si está equivocado o no, por ello no entiendo que se pueda manifestar que este sea un optimista por definición, ¿Cuántas hipótesis se han ido al cesto de la basura?, el antropólogo en sus estudios de culturas y del hombre tiene que mirar y ver todo el abanico social, desde la bondad hasta la maldad, ¿Cuántos hechos culturales han sido descubiertos por los antropólogos con orígenes dudosos?, por eso no entiendo lo que quiere decir “optimista antropológico”, nosotros, los antropólogos tenemos la obligación de mirar tanto lo alegre como lo turbio de las culturas y no podemos mirar para otro lado, por ello no creo que seamos ni optimistas ni pesimistas, solo tratamos de ver la realidad de una manera científica y la realidad tiene de todo.

         Soy antropólogo y por lo general suelo ser optimista, ¿esto me hace ser un "optimista antropológico"?, ¡¡no!!, ¡¡rotundamente no!!.


        Me gustaría que si algún Blogger con las ideas más claras me explicara esto de se “optimista antropológico”, le daré las gracias por ello, aunque me imagino que, como muchas veces ocurre, es una muletilla que se utiliza lo mismo para un roto que para un descosido.                      
Emilio Manuel M.

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